“Es la sustentabilidad, Estúpido” por Gonzalo Muñoz

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“Es la sustentabilidad, Estúpido” por Gonzalo Muñoz

Gonzalo Muñoz
Cofundador de Sistema B y CEO de TriCiclos

En la campaña electoral estadounidense de 1992, Bill Clinton usó la frase “Es la economía, estúpido” de James Carville como una especie de slogan que le permitió llegar a la Casa Blanca. Dicha frase sigue vigente elección tras elección en distintas partes del mundo, posicionando la necesidad de que la economía aporte las bases para cualquier plan de bienestar potencial en casi cualquier país. Pero actualmente ya no basta con los criterios económicos básicos (empleo, crecimiento, impuestos) como discurso para convencer tanto al electorado como a los stakeholders de las empresas.

Las personas evidentemente queremos empleo, oportunidades de crecimiento; y a su vez entendemos que cuando la economía se dinamiza, los impuestos permiten que los servicios del estado potencialmente mejoren. Pero así como esperamos de los políticos una mirada más allá del ciclo eleccionario, también le estamos pidiendo a las empresas que mejoren su propuesta y se comprometan con el largo plazo. Ese es el nuevo paradigma político y económico, donde los incentivos no pueden estar sólo alineados con los reportes trimestrales ni las elecciones cada cuatro o seis años. Lo curioso es que en la práctica muchas empresas están mostrando mayor compromiso con el largo plazo que algunos parlamentarios quienes claramente están más enfocados en la reelección que en la sustentabilidad en el mediano y largo plazo.

Lo otro interesante de la frase de Clinton es que esta era la segunda frase de 3 puntos que Carville escribió en un cartel durante la campaña. La primera frase era “cambio versus más de lo mismo”. Lo cual nos remite a la necesidad de no sólo poner la mirada en algo nuevo. Es también mirar la realidad con otros ojos. Necesitamos aceptar que aquello que nos dio éxito en el pasado no sólo es probable que no sea la base del éxito en el futuro; es también probable que se convierta en la razón de fracaso en el futuro. Se me ocurren diversas prácticas, modelos de negocios o políticas públicas tremendamente exitosas en décadas anteriores y que actualmente incluso están consideradas ilegales.

Biológicamente inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio. Y esto no es algo simple. Por una parte tenemos la natural tendencia a mantener las condiciones de confort asegurado, pero por otra sabemos que el mundo está cambiando a nuestro alrededor a una velocidad sorprendente. Nuestro propio cuerpo evoluciona considerablemente más lento de lo que ha evolucionado nuestra forma de vida, de forma tal que no es raro el que estemos atrapados en fenómenos amenazantes sin que seamos capaces de identificarlos, ni hagamos mucho por salir de ahí, de la misma forma como la rana muere cocida en agua si la temperatura se sube progresivamente comenzando con agua fría, pero salta despavorida si es que llega a tocar el agua hirviendo.

Está claro que necesitamos urgentemente de una nueva inteligencia en quienes lideran los gobiernos y las empresas. La inteligencia anterior es limitada en espacio y en tiempo ya que busca maximizar el bienestar en el corto plazo y en un ámbito específico. Esa inteligencia no sólo ya no sirve; también nos hace quedar como estúpidos.

La nueva inteligencia entre otros aspectos debiera ser multidimensional, empática, circular, cooperadora, inclusiva, consciente de las limitaciones, creativa y amable.

Y lamentablemente no tenemos tiempo para esperar a que los jóvenes traigan esa nueva mentalidad a los espacios de poder. Necesitamos que la actual elite los incorpore de inmediato, partiendo por reconocer que no se trata de herramientas que naturalmente estén presentes en quienes están actualmente en la cabina de mando de la humanidad. Y es que ya no se trata de decidir el mundo que van a heredar nuestros hijos y nietos; se trata del mundo que nosotros mismos queremos vivir.

 

Fuente: Economía y Negocios