¿Por qué SistemaB es parte del 3xi?

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¿Por qué SistemaB es parte del 3xi?

Gonzalo Muñoz
Cofundador de Sistema B y CEO de TriCiclos

Todas las instituciones que convocamos al 3xi estamos alineadas: estamos trabajando para que el sector privado dé un paso decidido que permita enfrentar los tremendos desafíos que tenemos como país y como humanidad.

Probablemente desde el sector privado hemos actuado demasiado tiempo de manera descoordinada, con acciones individuales e incluso muchas veces duplicadas.

Quizás no nos hemos tomado con tanta seriedad el impacto social y ambiental de nuestras actividades, y a su vez nos ha faltado proactividad para enfrentar algunos de esos problemas con la misma eficiencia y eficacia con que resolvemos los problemas al interior de nuestras organizaciones.

Nos ha faltado colaboración y empatía. De una u otra forma, pareciera que ciertos problemas nos han dado lo mismo. Y resulta que simplemente ya no dan lo mismo. El mundo cambio de forma brusca y acelerando. Tal como me dijo un gran empresario hace pocos días, “es como que nos cambió el viento de un momento a otro!”. Ya no basta con lo que hacíamos bien en el pasado. Hoy en día se nos exige mucho más. Las personas que entran a trabajar a nuestras organizaciones llegan con requerimientos que antes eran impensados. Debemos estar innovando constantemente y midiendo cada impacto que tiene tanto lo que hacemos, como las prácticas que utilizamos. El mundo exige que las organizaciones privadas actúen con transparencia y buenas normas de gobernanza. Estas descripciones aplican para una empresa, un emprendimiento, una ONG e incluso para una Universidad.

Entonces, parece razonable que nos coordinemos para ver si juntos podemos hacer más y mejor.

En el rol que nos cabe desde Sistema B, promovemos que las empresas, además de dar trabajo, pagar impuestos, generar utilidades para los accionistas y proveer de productos y servicios, asuman un papel protagónico en la búsqueda de una prosperidad sustentable y compartida. Esa lógica la puede asumir cualquier empresa, para lo cual Sistema B ofrece una metodología online y gratuita que ya usan más de 60.000 empresas en el mundo, incluyendo algunas empresas que hacen parte de los gremios coordinados por la CPC. Estas empresas están aprendiendo a medir su impacto social y ambiental con la misma rigurosidad con que miden el resultado financiero, de modo que se convierten en empresas más resilientes, más sustentables, que atraen y retienen mejor talento y que cuidan el entorno donde operan. Son empresas que avanzan hacia ser cada vez más queridas y respetadas por los stakeholders, incluyendo el sector público. Tal como venimos diciendo hace tiempo, no aspiramos a que todas las empresas se certifiquen como empresa B, pero aspiramos a que toda empresa se comporte como empresa B, y para eso no basta decirlo o asumirlo. También hay que medirlo porque en el entorno empresarial es sabido que lo que no se mide no existe.

Ese camino también lo están tomando cada vez más emprendedores, entre los cuales estamos algunos de los 27.000 que integramos la ASECH. Nos hace cada vez más sentido emprender con un propósito, declararlo de modo que todos lo conozcan y medir como estás gestionando tanto el propósito como el impacto que este genera. A los emprendedores nos mueve la pasión por lo que hacemos y la energía por crecer y competir de igual a igual. Y por lo tanto es natural intentar contagiar y expandir esa pasión hacia todo el equipo. Tenemos la convicción de que cada vez se irán abriendo más rutas comerciales para posicionar las buenas prácticas y el propósito adicional con que los emprendedores se entregan a la causa de hacer de Chile un mejor país.

Cuando una empresa comienza a medir su impacto social y ambiental, naturalmente adquiere habilidades y sensibilidades que le permiten establecer relaciones fuertes y duraderas con organizaciones de la sociedad civil, como son las más de 200 que forman la Comunidad de Organizaciones Solidarias. Existe actualmente una especie de polinización cruzada entre fundaciones y algunas empresas B tanto en lo que se refiere a trabajadores como miembros de los directorios.

Desde años las fundaciones han permitido fortalecer el espíritu y el compromiso en las empresas, y actualmente las empresas B están ayudando a que las fundaciones desarrollen mejores modelos financieros.

Y, por supuesto, los cambios que implica abordar un camino B exige coordinarse con los centros académicos, de investigación e innovación como la Red de innovación de Chile (RiCh), que se está formando inspirado en el 3xi. Esta articulación constituye una oportunidad para descubrir cómo adaptar los modelos de negocios, las estrategias para competir en el mercado, las herramientas para atraer talento, y la forma como ser sustentable financieramente, sin dejar de aportar a las personas y al planeta. Son desafíos complejos que requieren nuevas capacidades, muchas de las cuales se están gestando en estos centros de innovación.

Volviendo a la metáfora del viento, los tiempos ya cambiaron y la navegación se tornó complicada para la tripulación que nos trajo hasta aquí. Es tiempo de combinar nuevas habilidades con las que dieron éxito en el pasado. Y nos parece que este modelo colaborativo, donde la gestión integra, mide y controla los resultados sociales, ambientales y financieros, fortalece nuestra embarcación y aporta bienestar tanto para la tripulación como para todos quienes deberían beneficiarse de nuestras acciones.

¡Bienvenid@s a bordo!


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