Integración, el eje de la economía de impacto social

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Integración, el eje de la economía de impacto social

Referentes del modelo de negocios con triple objetivo dieron su visión, desde la experiencia, de las claves para sustentar el cambio.

“Escuchemos para entender y no sólo para responder”. La frase, que desde una pizarra daba la bienvenida a un encuentro de emprendedores, directivos de empresas y referentes sociales para dialogar sobre la economía de triple impacto, va de la mano de un concepto central para pensar un modelo de hacer negocios que, desde la conciencia de sus efectos, se propone provocar mejoras en la calidad de vida de la personas y del planeta. Ese factor clave es la integración, un paradigma que deja atrás al asistencialismo y que también avanza sobre la idea de la inclusión.

Durante el desarrollo del “Día B“, un espacio de encuentro referido a la economía sustentable, LA NACION reunió a referentes de una renovada forma de pensar la economía, para que dieran su visión del tema a partir de sus experiencias. La actividad fue organizada por Sistema B, la ONG que, a nivel local, representa al movimiento de empresas de triple impacto (económico, social y ambiental).

 

Un caso en el que claramente se trató de entender al otro es el del emprendimiento de Sergio Núñez, un tandilense que, años atrás, se angustió un día con la noticia de que su hijo había sido brutalmente golpeado por unos jóvenes en la calle. Con su dolor a cuestas, decidió emprender y ofrecer a la vez una respuesta al amplio problema que hay detrás de lo que lo ocurrió a su ser querido. Instaló una bicicletería, donde jóvenes en situación de riesgo aprenden un oficio y trabajan para volver a poner en condiciones bicis que habían dejado de rodar. “Pedimos las bicicletas que no sirven y con ellas, enseñamos a reciclar; enseñamos que lo que estaba destinado al basural puede convertirse en otra cosa”, explica Núñez. Y dice que en la solución al problema de la inseguridad debe estar la igualdad de oportunidades, algo que él ayuda a generar. Se trata de uno de los desafíos más fuertes para la economía consciente, sobre todo en un país con elevados niveles de pobreza, tanto por ingresos como estructural.

“Hoy la palabra no es más inclusión; es integración”, apunta Guillermo Navarro, director de Innovación y Desarrollo Sostenible de la provincia de Mendoza. El funcionario cree que una de las claves para que este modelo gane espacio es la pasión, porque si no la hay, no se puede generar un cambio de cultura, como el que se requiere para que cada paso de un negocio, un trabajo o un consumo, se piense considerando sus efectos socioambientales.

El cambio del modelo tiene un capítulo especial en las grandes empresas. “Nosotros queremos garantizar que el 100% de los empleados sepa en qué camino estamos y pueda colaborar día a día; sentimos el deber de contagiar”, dice Nicolás Dobler, gerente de Sustentabilidad de Danone, que recientemente y para su división Aguas, certificó como firma B. Llegar a esa identidad -la B responde a la primera inicial de las Benefit Corporation, las firmas de triple impacto en EE.UU.- requiere cumplir con varias exigencias, e implica que la empresa se centre en sus metas sociales y ambientales tanto como en las económicas.

Llevar la conciencia por el cambio a todas las áreas de una firma es una meta a la que también se refiere Karina Stocovaz, gerente de Sustentabilidad de Natura Latam, otra empresa B. La misión, claro, no sólo abarca a los empleados, sino también a actores como proveedores, consumidores y Estado.

“Vemos un crecimiento del número de consumidores que quieren saber [sobre los bienes] y que se involucran, pero no quieren pagar más por un producto sustentable”, afirma Sotcovaz, que entiende que una razón por la que esta economía puede ser más cara es que estamos en una transición de un modelo a otro.

Desde la dirección ejecutiva de Sistema B, Francisco Murray dice que transformar la economía es un proceso y que, entonces, esperar todo “ya”, con pretensiones de inmediatez, es caer en la exigencia que el modelo tradicional de negocios tiene con respecto a lo que considera que es el “éxito”.

¿Y cuál sería el éxito en los negocios con impacto? Para algunos, el eje no está en cómo le va a cada empresa, sino al modelo en sí. “Me gusta cuestionar el tema de la escala; el viejo paradigma piensa en la empresa que llega a facturar mil millones y yo invito a pensar en un millón de empresas que facturen mil y que cambien el mundo”, define Víctor Mochkofsky, emprendedor cordobés y cofundador de Patio Mundo (que comercializa bienes de la economía sustentable), entre otros proyectos.

“Hoy el tema está en agenda y este tipo de empresas y emprendimientos es una realidad”, afirma Murray, que en su momento cofundó la empresa de calzados Paez, una de las que está entre las 60 certificadas como B en el país.

Nicolás Shea, creador en Chile de Cumplo (una plataforma de financiamiento colaborativo), plantea la urgencia en la necesidad del cambio. “Estamos reencauzando un río que en un momento se desvió; si un empresario cree que podrá seguir produciendo sin que le importe el medio ambiente y la sociedad, su empresa tiene los días contados”, sentencia, desde su visión de que los consumidores van a preferir lo que provenga de una producción responsable.

El proceso, se advierte, llevará su tiempo. Inés Berton, fundadora de la empresa Tealosophy, valora la posibilidad de elegir cómo consumir, pero se muestra consciente de la realidad social, que limita para muchos esa libertad.

Que la transformación del modelo de negocios sea entendido como un proceso es algo vital, reflexiona Berton. Y agrega: “Me quedo con la idea de contagiar en lugar de predicar”.

El contagio, la colaboración, la pasión y la confianza en el otro son, según sus mentores, algunas claves del paradigma de la economía consciente: la integración.

Fuente: La Nación, Argentina